lunes, 20 de julio de 2015

LAS CRÓNICAS DE BELGARATH


Saludos, comandantes!
Hace veinte veranos comencé a leer una saga de fantasía heroica que, por diversos motivos, interrumpí y no llegué a concluir, pese a que me cautivó desde el principio. Recientemente he decidido regresar a la Hacienda de Faldor, en tierras de Sendaria, y retomar las aventuras de Garion, Belgartah y Polgara desde sus comienzos. Así empiezan Las Crónicas de Belgarath.

A principios de los 80 un autor norteamericano llamado David Eddings publicó la primera de una pentalogía que acabaría por convertirse en un clásico de la Fantasía heroica. Se trataba de La Senda de la Profecía. Este título abría una saga de rasgos clásicos, con clara influencia tolkieniana. En el prólogo de La Senda de la Profecía se nos pone en antecedentes acerca del origen del Orbe de Aldur y sus poderes, así como la lucha entre Torak, un dios con oscuras intenciones, y Aldur, su contrapartida en el panteón creado por Eddings.

En la saga de Las Crónicas de Belgarath se nos relatan las aventuras de Garion, un muchacho que vive una apacible vida de lo más normal en una hacienda de la región de Sendaria en compañía de su tía Polgara. Lo que el chico desconoce es la importantísima misión que el destino le depara. Todo comienza cuando Garion comienza a percatarse de la presencia de unos individuos de extraño aspecto que a lo largo de los años parecen ir vigilando sus pasos desde la distancia. Un buen día, un vagabundo de ya una cierta edad al que el chico apoda Lobo, aparece un día más en la Hacienda de Faldor, donde reside el joven Garion. A partir de ese momento comienza el viaje que el chico emprende en compañía de Belgarath (que es como se llama el anciano), Polgara y algunos individuos más que se le unen, como Barak, un tipo de gran tamaño y musculatura, y Seda, un tipo bastante menudo y escurridizo.


Toda la trama gira en torno al mítico Orbe de Aldur, una reliquia de gran poder tan antigua como el propio mundo. Los esbirros del perverso Torak persiguen dicho artefacto desde hace milenios, tratando de encontrar a aquel que puede manipularlo y extraer todo su poder, ya que el orbe en realmente dañino contra Torak.

Las aventuras de Garion y sus compañeros nos llevan por las tierras de Mallorea, el escenario creado por David Eddings. En dicho escenario encontramos diversas culturas humanas creadas a partir de culturas históricas. También encontraremos monstruos y criaturas de corte fantástico, aunque no tantas como en otros relatos de fantasía. Aun así, la diversidad de entornos y de escenarios donde transcurre la acción es más que suficiente para mantenernos entretenidos y enganchados a la trama.

Las Crónicas de Belgarath, pese al gran éxito que tuvo en su momento, no es una de las sagas más conocidas de su género, al menos en nuestro país. Sin embargo es otro estilo de fantasía, un estilo que quizás sea más propio de nuestro tiempo, un tiempo en el que los seres más fantásticos resultan eclipsados en ocasiones por personajes mucho más mundanos y mucho más crueles, crudos y, hasta cierto punto, mucho más reales.

Los títulos que conforman la pentalogía de Las Crónicas de Belgarath son los siguientes:

  • La Senda de la Profecía.
  • La Reina de la Hechicería.
  • La Luz del Orbe.
  • El Castillo de la Magia.
  • La Ciudad de las Tinieblas.
A mí me parece que es una saga ideal para el público más joven que empiece a sentir curiosidad por este género. Su lectura es bastante ágil y entretenida, sin grandes pretensiones ni explayamientos por parte del autor en cuestión descriptiva. Aun así, no hay pérdida del detalle a la hora de dar a conocer a los personajes, los escenarios y la acción. Por todo ello, y por las sorpresas que las aventuras de Garion guardan entre sus páginas, creo que todo amante de la fantasía heroica disfrutará con Las Crónicas de Belgarath. Particularmente, uno de los motivos que me detuvo en mi lectura inicial hace años de esta saga fue mi intento por construir una serie de aventuras de D&D en el mundo creado por Eddings. Luego una cosa me llevó a la otra y me lié y me lié...




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